¿Qué hacer?
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la socialdemocracia
Hemos examinado con tanto detalle el editorial, poco conocido y casi olvidado hoy, del primer número de Rab. Mysl porque expresó anntes y con mayor relieve que nadie esa corriente general que saldría después a la superficie por innumerables arroyelos. V. I-n tenía plena razón cuando, al elogiar el primer número y el editorial de Rab. Mysl, dijo que había sido escrito "con fogosidad y vigor" (Listok "Rabótnika", núm. 9-10, pág. 49). Toda persona de convicciones firmes y que cree decir algo nuevo escribe "con vigor" y de manera que pone de relieve sus puntos de vista. Sólo quienes están acostumbrados a nadar entre dos aguas carecen de todo "vigor"; sólo esa gente es capaz, después de haber elogiado ayer el vigor de Rab. Mysl, de atacar hoy a sus adversarios porque den muestras de "vigor polémico".
Sin detenernos en el Suplemento especial de "Rabóchaya Mysl" (distintos motivos nos obligarán más adelante a referirnos a esta obra, que expresa con la mayor coherencia las ideas de los "economistas"), comentaremos sólo brevemente el Llamamiento del Grupo de Autoemancipación de los Obreros (marzo de 1899, reproducido en Nakanunie (59) de Londres, núm. 7, julio del mismo año). Los autores de este llamamiento dicen con toda razón que "la Rusia obrera sólo empieza a despertar, a mirar en torno suyo y se aferra instintivamente a los medios de lucha que tiene a mano". Pero deducen de ahí la misma conclusión falsa que R. Mysl, olvidando que lo instintivo es precisamente lo incosciente (lo espontáneo), en cuya ayuda deben acudir los socialistas; que los medios de lucha "que se tienen a mano" serán siempre, en la sociedad actual, medios tradeunionistas de lucha, y que la primera ideología "que se tiene a mano" sreá la ideología burguesa (tradeunionista). Esos autores tampoco "niegan" la política, sino que, siguiendo al señor V. V., dicen solamente (¡solamente!) que la política es una superestructura y que, por ello, "la agitación política debe ser una superstructura de la agitación en pro de la lucha económica, debe nacer de ella y seguirla".
En cuanto a R. Dielo, comenzó su actiivdad precisamente por la "defensa" de los "economistas". Después de haber afirmado con evidente falsedad, ya en su primer número (pág. 141-142) que "ignoraba a qué camaradas jóvenes se había referido Axelrod" en su conocido folleto*, al hacer una advertencia a los "economistas", R. Dielo tuvo que reconocer, en la polémica con Axelrod y Plejánov a propósito de esa falsedad, que, "fingiendo no saber de quién se trataba, quiso defender de esa acusación injusta a todos los emigrados socialdemócratas más jóvenes" (Axelrod acusaba de estrechez de miras a los "economistas") (60). En realidad, dicha acusación era completamente justa, y R. Dielo sabía muy bien que se aludía, entre otros, a V. I-n, miembro de su redacción. Señalaré de paso que en la polémica mencionada, Axelrod tenía completa razón, y R. Dielo se equivocaba de medio a medio en la interpretación de mi folleto Las tareas de los socialdemócratas rusos**. Este folleto fue escrito en 1897, antes de que apareciera Rab. Mysl, cuando yo consideraba con todo fundamento que la tendencia inicial de la Unión de Lucha de San Petersburgo, que he definido más arriba, era la predominante. Y por lo menos hasta mediados de 1898, esa tendencia predominó, en efecto. Por eso, R. Dielo no tenía ningún derecho a remitirse, para refutar la existencia y el peligro del "economismo", a un folleto que exponía concepciones desplazadas en San Petersburgo en 1897-1898 por las concepciones "economistas"***.
* En torno a las tareas actuales y la táctica de los socialdemócratas rusos. Ginebra, 1898, Dos cartas a Rabóchaya Gazeta, escritas en 1897.
** Véase V.I. Lenin. Obras Completas, 5ª ed. en ruso, t. 2, pág. 433-470 (N. de la Edit.)
*** Defendiéndose, Rabócheie Dielo completó su primera falsedad ("ignoramos a qué camaradas jóvenes se ha referido P.B. Axelrod") con una segunda, al escribir en su Respuesta: "Desde que apareció la reseña de Las tareas, entre algunos socialdemócratas rusos han surgido o se han definido con mayor o menor claridad tendencias hacia la unilateralidad económica, que significan un paso atrás en comparación con el estado de nuestro movimiento esbozado en Las tareas" (pág. 9). Esto lo dice la Respuesta publicada en 1900. Pero el primer número de Rabócheie Dielo (con la reseña) apareció en abril de 1899. ¿Es que el "economismo" surgió sólo en 1899? No, en 1899 se oyó por vez primera la voz de protesta de los socialdemócratas rusos contra el "economismo" (la protesta contra el Credo). (Véase V. I. Lenin. Obras Completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 163-176. –N. de la Edit.) El "economiso surgió en 1897, como sabe muy bien Rabócheie Dielo, pues, V. I-n elogiaba a Rabóchaya Mysl ya en noviembre de 1898 (Listok "Rabótnika", núm. 9-10).
Pero R. Dielo no sólo "defendía" a los "economistas", sino que él mismo caía continuamente en sus equivocaciones principales. Esto se debía al modo ambiguo de interpretar la siguiente tesis de su propio programa: "El movimiento obrero de masas (la cursiva es de R. D.) surgido en los últimos años es, a juicio nuestro, un fenómeno de la mayor importancia de la vida rusa y está llamado principalmente a determinar las tareas (la cursiva es nuestra) y el carácter de la actividad literaria de la Unión". Es indiscutible que el movimiento de masas representa un fenómeno de la mayor importancia. Pero la cuestión estriba en la manera de concebir "cómo determina las tareas" este movimiento de masas. Puede concebirse de dos maneras: o bien en el sentido del culto a la espontaneidad de ese movimiento, es decir, reduciendo el papel de la socialdemocracia al de simple servidor del movimiento obrero como tal (así la conciben Rab. Mysl, el Grupo de Autoemancipación y los demás "economistas"); o bien en el sentido de que el movimiento de masas nos plantea nuevas tareas teóricas, políticas y orgánicas, mucho más complejas que las tareas con que podíamos contentarnos antes de que apareciera el movimiento de masas. Rab. Dielo tendía y tiende a concebirla precisamente en el primer sentido, pues no ha dicho nada concreto acerca de las nuevas tareas y ha razonado todo el tiempo como si el "movimiento de masas" nos eximiera de la necesidad de comprender con claridad y cumplir las tareas que éste plantea. Será suficiente recordar que R. Dielo consideraba imposible señalar al movimiento obrero de masas como primera tarea el derrocamiento de la autocracia, rebajando esta tarea (en nombre del movimiento de masas) al nivel de la lucha por reivindicaciones política inmediatas (Respuestas, pág. 25).
Dejemos a un lado el artículo La lucha económica y política en el movimiento ruso, publicado por B. Krichevski, director de Rab. Dielo, en el núm. 7 –artículo en que se repiten esos mismos errores* -, y pasemos directamente al número 10 de dicho periódico. Por supuesto, no nos detendremos a analizar objeciones aisladas de b. Krichevski y Martínov contra Zariá e Iskra. Lo único que os interesa aquí es la posición de principios que ha adoptado Rabócheie Dielo en su número 10. No nos detendremos, por ejemplo, a examinar el caso curioso de que R. Dielo vea una "contradicción flagrante" entre la tesis:
"La socialdemocracia no se ata las manos, no circunscribe sus actividades a un plano o procedimiento cualesquiera de lucha política concebidos de antemano: admite todos los medios de lucha con tal de que correspondan a las fuerzas efectivas del partido", etc. (núm. 1 de Iskra)**
y la tesis:
"Sin no existe una organización fuerte con experiencia de lucha política en cualquier situación y en cualquier período no se puede ni hablar de un plan sistemático de actividad, basado en principios firmes y aplicado rigurosamente, del único plan que merece el nombre de táctica" (núm. 4 de Iskra)***.
* Por ejemplo, en ese artículo se expone con las siguientes palabras la "teoría de las fases" o teoría de los "tímidos zigzags" en la lucha política: "Las reivindicaciones políticas que, por su carácter, son comunes a toda Rusia, deben, sin embargo durante los primeros tiempos" (¡esto se escribe en agosto de 1900!) "corresponder a la experiencia adquirida por el sector dado (¡sic!) de obreros en la lucha económica. Sólo (¡) tomando como base esta experiencia se puede y se debe iniciar la agitación política", etc. (pág. 11). En la pág. 4, indignado el autor por las acusaciones de herejía economista, carentes de todo fundamento, según él, exclama con tono patético: "Pero ¿qué socialdemócrata ignora que, según la doctrina de Marx y Engels, los intereses económicos de las distintas clases desempeñan un papel decisivo en la historia y que, por tanto (la cursiva es nuestra), en particular la lucha del proletariado por sus intereses económicos debe tener una importancia primordial para su desarrollo como clases y para su lucha emancipadora?" Este "por tanto" está completamente fuera de lugar. Del hecho de que los intereses económicos desempeñan un papel decisivo en modo alguno se deduce que la lucha económica (=sindical) tenga una importancia primordial, pues los intereses más esenciales y "decisivos" de las clases pueden satisfacerse en general únicamente por medio de transformaciones políticas radicales, en particular, el interés económico fundamental del proletariado sólo puede beneficiarse por medio de una revolución política que sustituya la dictadura de la burguesía con la dictadura del proletariado. B. Krichevski repite el razonamiento de los "V. V. de la socialdemocracia rusa" (la política sigue a la economía, etc.) y de los bernsteinianos de la alemana (por ejemplo, Woltmann alegaba precisamente los mismos argumentos para tratar de demostrar que los obreros, antes de pensar de una revolución política, deben adquirir una "fuerza económica").
** Véase V. I. Lenin. Obras Completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 376 (N. de la Edit.)
*** Véase V. I. Lenin. Obras Completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág. 6-7 (N. de la Edit.)
Cuando se quiere hablar de táctica, confundir la admisión en principio de todos los medios de lucha, de todos los planes y procedimientos con tal de que sirvan para lograr el fin propuesto, con la exigencia de guiarse en un momento político concreto por un plan aplicado a rajatabla equivale a confundir que la medicina admite todos los sistemas terapéuticos con la exigencia de que en el tratamiento de una enfermedad concreta se siga siempre un sistema determinado. Pero de lo que se trata, precisamente, es de que Rab. Dielo, que padece de una enfermedad que hemos llamado culto a la espontaneidad, no quiere admitir ningún "sistema terapéutico" para curar esta enfermedad. Por eso ha hecho el notable descubrimiento de que "la táctica-plan está en contradicción con el espíritu fundamental del marxismo" (núm. 10, pág. 18), de que la táctica es "un proceso de crecimiento de las tareas del partido, las cuales crecen junto con éste" (pág. 11; la cursiva es de R. D.) Esta segunda máxima tiene todas las probabilidades de hacerse célebre, de convertirse en un monumento imperecedero a la "tendencia" de Rab. Dielo. A la pregunta de "¿A dónde ir?, este órgano dirigente responde: El movimiento es un proceso de cambio de la distancia entre el punto de partida y el punto subsiguiente del movimiento. Esta incomparable profundidad de pensamiento no sólo es curiosa (si sólo fuera curiosa no valdría la pena detenerse especialmente en ella), sino que representa, además, el programa de toda una tendencia, a saber: el mismo programa que R. M. Expuso (en el Suplemento especial suyo) con las siguientes palabras: es deseable la lucha que es posible, y es posible la lucha que se sostiene en un momento dado. Esta es precisamente la tendencia del oportunismo ilimitado, que se adapta en forma pasiva a la espontaneidad.
"¡La táctica-plan está en contradicción con el espíritu fundamental del marxismo!" Eso es una calumnia contra el marxismo, eso equivale a convertirlo en la caricatura que nos oponían los populistas en su guerra contra nosotros. ¡Eso es precisamente aminorar la iniciativa y la energía de los militantes conscientes, mientras que el marxismo, por el contrario, da un impulso gigantesco a la iniciativa y a la energía de los socialdemócratas, abriendo ante ellos las perspectivas más vastas, poniendo a su disposición (si podemos expresarnos así) las fuerzas poderosas de los millones y millones que constituyen la clase obrera, la cual se alza a la lucha "espontáneamente"! Toda la historia de la socialdemocracia internacional abunda en planes, propuestos ora por uno, ora por otro líder político, que demuestran la perspicacia y la justedad de las concepciones que uno tiene de política y organización o revelan la miopía y los errores políticos de otro. Cuando Alemania dio uno de los mayores virajes históricos –la formación del Imperio, la apertura del Reichtag, la concesión del sufragio universal -, Liebknecht tenía un plan de la política y la acción en general de la socialdemocracia, y Schweitzer tenía otro. Cuando sobre los socialistas alemanes cayó la Ley de excepción, Most y Hasselman, dispuestos a exhortar pura y simplemente a la violencia y al terrorismo, tenían un plan; Höchberg, Schramm y (en parte) Bernstein tenían otro plan, y empezaron a predicar a los socialdemócratas que, con su innsensata brusquedad y su revolucionarismo, habían provocado esa ley y debían ganarse el perdón con unna conducta ejemplar; tenían un tercer plan quienes prepararon y llevaron a la práctica la publicación de un órgano de prensa clandestino (61). Al mirar al pasado, muchos años después de terminar la lucha por la elección del camino y de haber pronunciado la historia su veredicto sobre el acierto del camino elegido, no es difícil, claro está, revelar profundidad de pensamiento, proclamando la máxima de que las tareas del partido crecen con éste. Pero limitarse en un momento de confusión*, cuando los "críticos" y los "economistas" rusos hacen descender a la socialdemocracia al nivel del tradeuninismo, y los terroristas propugnan con empeño la adopción de una "táctica-plan" que repite los viejos errores, a semejante profundidad de pensamiento significa extenderse a sí mismo un "certificado de pobreza". Decir en un momento en que muchos socialdemócratas rusos padecen precisamente de falta de iniciativa y energía, de falta de "amplitud en la propaganda, agitación y organización políticas"**, de falta de "planes" para organizar a mayor escala la labor revolucionaria, decir en un momento así que "la táctica-plan está en contradicción con el espíritu fundamental del marxismo" no sólo significa envilecer el marxismo en el sentido teórico, sino, en la práctica, tirar del partido hacia atrás.
* Ein Jahr der Verwirrung ("Un año de confusión"): así ha titulado Mehring el apartado de su Historia de la socialdemocracia alemana en que describe los titubeos y la indecisión que manifestaron los socialistas en un principio, al elegir la "táctica-plan" que correspondía a las nuevas condiciones.
** Del editorial del núm. 1 de Iskra. (Véase V. I. Lenin. Tareas urgentes de nuestro movimiento. – N. de la Edit.)
"El socialdemócrata revolucionario –nos alecciona más adelante R. Dielo – se plantea la única tarea de acelerar con su labor consciente el desarrollo objetivo, y no suprimirlo o sustituirlo con planes subjetivos. Iskra sabe todo esto en teoría. Pero la magna importancia que el marxismo atribuye justamente a la labor revolucionaria consciente la lleva en la práctica, debido a su concepción doctrinaria de la táctica, a aminorar la importancia del elemento objetivo o espontáneo del desarrollo" (pág. 18)
Otra vez la mayor confusión teórica, digna del señor V. V. y cofradía. Pero desearíamos preguntar a nuestro filósofo: ¿en qué puede manifestarse la "aminoración" del desarrollo objetivo por parte de un autor de planes subjetivos? Evidentemente, en perder de vista que este desarrollo objetivo crea a afianza, hunde o debilita a estas o las otras clases, sectores y grupos, a tales o cuales naciones, grupos de naciones, etc., condicionando así una u otra agrupación política internacional de fuerzas, una u otra posición de los partidos revolucionarios, etc. pero el pecado de tal autor no consistirá entonces en aminorar el elemento espontáneo, sino en aminorar, por el contrario, el elemento consciente, pues le faltará ""conciencia"" para comprender con acierto el desarrollo objetivo. Por eso, el mero hecho de hablar de "apreciación de la importancia relativa" (la cursiva es de Rabócheie Dielo) de lo espontáneo y lo consciente revela una falta absoluta de "conciencia". Si ciertos "elementos espontáneos del desarrollo" son accesibles en general a la conciencia humana, su apreciación errónea equivaldrá a "aminorar el elemento concsciente2. Y si son inaccesibles a la conciencia, no los conocemos ni podemos hablar de ellos. ¿De qué habla, pues, B. Krichevski? Si considera erróneos los "planes subjetivos" de Iskra (y él los declara erróneos), debería probar qué hechos objetivos no son tenidos en cuenta en esos planes y acusar a Iskra, por ello, de falta de conciencia, de ""minoración del elemento consciente"" usando su lenguaje. Pero si, descontento con los planes subjetivos, no tiene más argumento que el de invocar la "aminoración del elemento espontáneo" (¡!) lo único que demuestra es que: 1) en teoría, comprende le marxismo a los Karéiev y a lo Mijailovski, suficientemente ridiculizados por Béltov (62); 2) en la práctica, se da por satisfecho en absoluto con los "elementos espontáneos del desarrollo", que arrastraron a nuestros marxistas legales al bernteinianismo, y a nuestros socialdemócratas, al "economismo", muestra "gran indignación" con quienes han decidido apartar contra viento y marea a la socialdemocracia rusa del camino del desarrollo "espontáneo".
Y más adelante siguen ya cosas divertidísimas. "De la misma manera que los hombres, pese a todos los éxitos de las ciencias naturales, seguirán multiplicándose por el método antediluviano, el nacimiento de un nuevo régimen, pese a todos los éxitos de las ciencias sociales y el aumento del número de luchadores conscientes, seguirá siendo asimismo principalmente resultado de explosiones espontáneas" (pág. 19). De la misma manera que la sabiduría antediluviana dice que no hace falta mucha inteligencia para tener hijos, la sabiduría de los "socialistas modernos" (a lo Narciso Tuporílov) (63) proclama: Cualquiera tendrá inteligencia suficiente para participar en el nacimiento espontáneo de un nuevo régimen social. Nosotros también creemos que cualquiera tendrá inteligencia suficiente. Para participar de ese modo, basta dejarse arrastrar por el "economismo" cuando reina el "economismo", y por el terrorismo. Así, en la primavera de sete año, cuando tanto importancia tenía prevenir contra la inclinación al terrorismo, Rabócheie Dielo estaba perplejo ante este problema, "nuevo" para él. Y seis meses más tarde, cuando el problema ha dejado de ser actual, nos ofrece a un mismo tiempo la declaración de que "creemos que la tarea de la socialdemocracia no puede ni debe consistir en contrarrestar el auge del espíritu terrorista" (R. D. núm. 10, pág. 23) y la resolución del congreso: "El congreso considera inoportuno el terrorismo ofensivo sistemático" (Dos congresos, pág. 18). ¡Con qué magnificas claridad e ilación está dicho! No nos oponemos, pero lo declaramos inoportuno; y lo declaramos de tal manera, que el terror no sistemático y defensivo no va incluido en la "resolución". ¡Es forzoso reconocer que semejante resolución está a cubierto de todo peligro y queda garantizada por completo contra los errores, como lo está un hombre que habla por hablar! Y para redactar semejante resolución sólo hacía falta una cosa: saber mantenerse a la zaga del movimiento. Cuando Iskra se burló de Rab. Dielo por haber declarado que el programa del terrorismo era nuevo*, R. Dielo, enfadado, acusó a Iskra de tener "la pretensión verdaderamente increíble, de imponer a la organización del partido la solución que ha dado a los problemas de táctica hace más de 15 años un grupo de escritores emigrados" (pág. 24). En efecto ¡qué pretensión y qué exageración del elemento, consciente: resolver de antemano los problemas en teoría, para luego convencer de la justedad e esa solución tanto ala organización como al partido y a las masas!** ¡Otra cosa es repetir simplemente cosas trilladas y, sin "imponer" nada a nadie, someterse a cada "viraje", ya sea hacia el "economismo", ya sea hacia el terrorismo! Rab. Dielo llega incluso a generalizar este gran precepto de la sabiduría de la vida, acusando a Iskra y Zariá de "oponer su programa al movimiento, como un espíritu que se cierne sobre un caos amorfo" (pág. 29). Pero ¿en qué consiste el papel de la socialdemocracia sino en ser el "espíritu" que no sólo se cierne sobre le movimiento espontáneo, sino que eleva a este último al nivel de "su programa"? Porque no ha de consistir en seguir arrastrándose a la zaga del movimiento, lo que, en el mejor de los casos, sería inútil para el propio movimiento y, en el peor de los casos, nocivo en extremo. Pero Rabócheie Dielo no sólo sigue esta "táctica-proceso", sino que la erige en principio, de modo que sería más justo, llamar a esta tendencia seguidismo (de la palabra "seguir a la zaga") en vez de oportunismo. Y es obligado reconocer que quienes han decidido firmemente seguir siempre a la zaga del movimiento están asegurados, en absoluto y para siempre, contra la "aminoración del elemento espontáneo del desarrollo".
* Véase V. I. Lenin. Obras Completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág. 7-8 (N. de la Edit.)
** Tampoco debe olvidarse que, al resolver "en teoría" el problema del terrorismo, el grupo Emancipación del Trabajo sintetizó la experiencia del movimiento revolucionario anterior.
Así pues, hemos podido convencernos de que el error fundamental de la "nueva tendencia" en la socialdemocracia rusa consiste en rendir culto a la espontaneidad, en no comprender que la espontaneidad e las masas exige de nosotros, los socialdemócratas, una elevada conciencia. Cuanto más crece la lucha espontánea de las masas, cuanto más amplio se hace el movimiento, tanto mayor, incomparablemente mayor, es el imperativo de elevar con rapidez la conciencia en la labor teórica, política y orgánica de la socialdemocracia.
La activación espontánea de las masas en Rusia ha sido (y sigue siendo) tan rápida que la juventud socialdemócrata ha resultado poco preparada para cumplir estas tareas gigantescas. Esta falta de preparación es nuestra desgracia común, una desgracia de todos los socialdemócratas rusos. La activación de las masas se ha producido y aumentado de manera continua y sucesiva, y lejos de cesar donde había comenzado, se ha extendido a nuevas localidades y nuevos sectores de la población (bajo la influencia del movimiento obrero se ha reanimado la efervescencia entre la juventud estudiantil, entre los intelectuales en general e incluso entre los campesinos). Pero los revolucionarios se han rezagado de la creciente actividad de las masas tanto en sus "teorías" como en su labor, no han logrado crear una organización permanente que funcione sin interrupciones y sea capaz de dirigir todo el movimiento.
En el primer capítulo hemos consignado que R. Dielo rebaja nuestras tareas teóricas y repite "espontáneamente" el grito de moda: "libertad de crítica"; quienes lo repiten no han tenido "conciencia" suficiente para comprender que las posiciones de los "críticos" oportunistas y las de los revolucionarios en Alemania y en Rusia son diametralmente opuestas.
En los capítulos siguientes examinaremos cómo se ha manifestado este culto a la espontaneidad en el terreno de las tareas políticas y en la labor de organización de la socialdemocracia.